Bebé aprendiendo a comer, mamá aprendiendo a cocinar.

Cuando por fin Rodri y yo logramos dominar la lactancia ya era tiempo del destete... en teoría, porque ambos no nos encontrabamos listos para eso.

Cumplidos los seis meses de edad, mi hijito empezó a comer papillas y aunque seguí las instrucciones del pediatra al pie de la letra y revisé decenas de recetas en la web, todo cuanto le daba a Rodri, lo aceptaba pero no le fascinaba.

Fue recién entre los ocho y nueve meses de edad, que preocupada porque no baje de peso, me animé a servirle la comida que yo cocinaba para mí y esa sí le encantó.

Para alguien como yo, que sólo sabía cocinar siete platos, uno para cada día de la semana (un par de los cuales no era apto para bebes), cocinar comida saludable y variada para mi hijo era un gran reto.

Pocas veces me ha pasado que algo que cociné para mi hijo no lo comió. Ah, pero el complemento de la hora de la comida siempre fue la motivación, ya sea con juegos, canciones y conversaciones.

Descubrí que Rodri tiene un paladar exigente o quizás solo parecido al mío, ya que casualmente si yo pruebo algo y no me agrada (para esto Rodri no me ve), aunque utilice cualquiera de mis recursos para motivarlo a comer, simplemente él no come.

Hoy, aún no soy una experta en la cocina, la verdad conociéndome no creo que llegue a serlo nunca, pero mi repertorio culinario se ha incrementado considerablemente. Sólo ayer me observé con satisfacción, cómo al no tener cena para mi hijito y en mi deseo de que no coma sólo un plato rápido, terminé cocinando un guiso en sólo 30 minutos desde que puse los ingredientes en la mesa hasta que apagué la cocina.

Mi premio, mi hijo disfrutó de su comida y me dejó limpiecito el plato. Así, si da gusto cocinar.

mamá&nené

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