Dos años: ¿Son tan terribles?

Al llegar a los dos años de edad, los niños inician una nueva etapa en su vida caracterizada por un comportamiento desafiante, una pugna constante entre la búsqueda de su independencia y autoafirmación y sus aún no muy desarrolladas habilidades motoras y capacidad de expresarse verbalmente. Es una etapa de transición de bebé a niño, llena de frustración, rabietas y constantes "no" sobre la que han escrito muchos profesionales denominándola como "los terribles dos".

El día de ayer mi hijo cumplió dos años... y la pasó excelente. Le organicé una pequeña fiesta en su centro de estimulación temprana. Lo vi tan dulce, alegre y bailarín con sus amiguitos que por un momento en medio del feliz alboroto de la fiestita, sentí nostalgia por lo grande que está, por todo lo que hemos vivido y aprendido juntos y porque poco a poco deja de ser mi bebé para convertirse en un niño.

Se vienen nuevos retos y experiencias para ambos, y si por varias semanas sentí algo de temor por quizás no contar con la capacidad suficiente para guiar a mi hijo sin perder la calma en estos "terribles dos", ayer él me mostró que inicia esta nueva etapa con alegría, con deseos de aprender, de compartir y cada vez que me abrazaba o me buscaba para sacarme a bailar o jugar, me demostraba que me necesitaba, que quiere descubrir el mundo conmigo. Todo eso, hace que deje de lado mis temores y tenga las mejores expectativas, más energía y sobretodo más confianza en mí, en que sí lograré ser la madre que quiero ser y que mi hijo necesita.

Entonces, como para todo en la vida, no son suficiente las buenas intenciones, empiezo mis "terribles dos", haciendo un listado de lo que debo tener en cuenta para lograr mi objetivo:

1. Dejar de llamarle "terribles dos", ya que dependerá mucho sino completamente de mí que se conviertan en "maravillosos dos". Además de acompañar a mi hijo en ésta etapa de descubrimiento del mundo que lo rodea y de sí mismo, es una gran oportunidad para guiarlo en la formación de su personalidad, en aspectos tan importantes como sáber cómo responder ante la frustración y decepción.
2. Ser consistente, no debo ceder a sus berrinches, deben mantenerse las normas y hábitos que hasta ahora tenemos impuestos.
3. Yo soy el adulto, y no debo perder la calma ante las rabietas o cualquier otro mal comportamiento de mi hijo. Debo controlar mis emociones y ser madura, no vaya que yo salga con mi propia rabieta.
4. Yo soy el modelo para mi hijo, y así como imita gestos y acciones, también imitará reacciones y formas de expresarse. Si yo estallo cuando algo me sale mal, es lógico que él reaccione de la misma forma.
5. No debo sufrir por las rabietas, debo recordar que en una rabieta quien está sufriendo más es mi hijo, por lo que frente a una rabieta, durante la disciplina y en todo momento mi hijo debe sentirse amado.

Ahora sí, bienvenidos "maravillosos dos".


Mamá&nené

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